Proyectos y series



Isla

Esta serie, creada en el verano de 2019 en la isla de La Gomera (Canarias), fue concebida bajo el único pretexto de la experimentación, del juego con la cámara, intentando crear imágenes diferentes de un lugar ya conocido, al cual volvía después de 8 años y en circunstancias totalmente distintas a las de mi partida.

Hacía unos meses había conocido la obra de Vari Caramés, un artista gallego que desde su primera imagen me cautivó, convirtiéndose en uno de mis referentes principales, lo cual, hizo que jugara con velocidades lentas creando desenfoques y mucho movimiento. Después de haber vivido en sitios tan dispares como Fuerteventura, Tenerife o Madrid, volví a la isla que me vio jugar, crecer y un sin fin de vivencias que construyeron mi personalidad, mi identidad como individuo.

Ya no era el mismo, habían pasado 8 años desde que me fui casi sin esperarlo. Me sorprendió sentirme extraño caminando por los lugares que tiempo atrás recorría sin la conciencia de las experiencias futuras, aquel lugar había cambiado y el hecho de fotografiarlo fue un acto de reconciliación, un padre y un hijo que llevaban sin afecto durante largo tiempo.

Ese verano salí a fotografiar diariamente, era la excusa para encontrarme a solas con el lugar y poder redescubrirlo con una nueva mirada.

Descargaba todos los días mis fotografías en el ordenador y las revelaba con el único objetivo de encontrar una imagen bella y con una mirada autocrítica concentrada en los parámetros técnicos con el fin de seguir mejorando su creación.

Fue con el paso de los meses, después de volver a instalarme en Madrid, cuando volví a ver esas fotografías. Había desaparecido la mirada autocrítica que surge en el acto de la creación, ahora empezaba a ver más. Pude comprobar que podían contar algo y nada a la vez, es decir, eran imágenes evocativas que se percibían de manera diferente según quien las viera.
Al trabajar en ellas durante un mes, tomé la decisión de convertirlas a Blanco y Negro y encontré en su conjunto la gran dicotomía que surge al vivir en una isla no capitalina y con tan solo 370 kilómetros cuadrados.
El fuerte sentir de aislamiento que se crea al estar lejos del continente, en medio del océano atlántico, conlleva un arraigo que puede llegar a ser desmedido, cuesta salir, el sentimiento de pertenencia se hace más grande y cambia la percepción del mundo que tenemos al sentirnos tan alejados de éste.
Esa sensación, se contrapone con el mar, lejos de poder ser un impedimento, éste nos ofrece una visión de libertad, de sueño, su carga simbólica en cuanto a nacimiento, renacimiento y transformación es muy fuerte, trasladándonos claramente el concepto del estado transitorio de la vida.


Madrid, colores, desenfoques y estelas.

Decido crear ésta serie al poco tiempo de llegar a Madrid, alguien que viene de un lugar pequeño, como era mi caso se ve aplastado por la grandeza de una gran ciudad, curiosamente, llegas ahogado porque un lugar pequeño oprime, pero un lugar grande, al principio aplasta.

Este conjunto de fotografías es un ejercicio formal de luz y colores utilizando velocidades muy lentas queriendo reflejar en ella un mundo a la vez que fascinante, desconocido, impersonal... Nadie me conoce y yo no se aún como situar mi mirada.


Paisaje a Alta Velocidad


Esta breve serie nació de los viajes que hago casi a diario desde la ciudad donde vivo, San Sebastián de Los Reyes hasta el centro de Madrid. Es un viaje de 45 minutos que toma la línea C4 de la compañía de trenes Renfe. En él,  personas que van a sus trabajos, estudiantes, viajeros que se conectarán con otra línea que los lleve al aeropuerto, etc. Pero para mí, lo que mwme interesa es mostrar ese paisaje detrás del vidrio del tren, una transición de lo rural a lo urbano, de árboles y casas de campo a grandes edificios, conectado en un  contexto ferroviario. 

En mis fotografías, este paisaje se refleja de una manera borrosa, desconcertante e incierta ... Los viajeros miran hacia ese paisaje la mayor parte del tiempo pero no lo observan, solo vemos un mundo de sombras y estelas que pasan a gran velocidad mientras nuestra mente se sumerge en nuestros pensamientos más mundanos.

I´m Not A Robot

"Siempre fuiste mi espejo, quiero decir, que para verme tenía que mirarte" (Julio Cortázar - Bolero)".

En la era de la información y la tecnología, donde una continua sobre estimulación de los sentidos, fundamentalmente el de la vista, hace que seamos controlados como máquinas sin sentimiento, sin alma... los ojos que miran, no observan, no se paran, no comprenden.

Nuestra exploración del lugar que habitamos no se activa si carece de un aliciente lúdico que nos dirija.

Siempre se ha dicho que vemos lo que queremos ver, aunque en estos tiempos se podría decir que solo vemos lo que nos muestran, principalmente por los bombardeos de información totalmente guiados que dejan sin poder de reacción nuestra capacidad de atención y de crítica, creando así una anulación del individuo.

La fotografía tiene la capacidad de parar el tiempo, nada se mueve , incluido el observador, hay silencio, solo nuestra mirada recorre la imagen rompiendo cualquier barrera que nos impida empatizar o sentir.

"I´m not a Robot" es un proyecto donde el artista promueve que el ser identifique al ser, impeliendo al observador desde la reflexión hacia la atención consciente, para así llegar al subconsciente.


Vestigium


Vestigium es el retrato de un lugar inhabitado. Cada fotografía es un acto reflejo, la súbita aparición de un flash back, el vestigio de algo que reconozco desde una zona desconocida de mi interior.

Trabajo en velocidades altas, propias de la instantánea, a pesar de que nada se mueve. Estas imágenes son huellas impregnadas en lo cotidiano, en las formas que surgen con cada luz, en las sombras. Las fotografías, como las preguntas, surgen veloces, toman forma desde la oscuridad y piden ser captadas de modo inmediato. Apuntan a un universo paralelo, un lugar intermedio entre el subconsciente y la realidad, donde las interpretaciones y las preguntas fluyen por los espacios de un mundo inmóvil.